Los 2mts cuadrados que cada uno controla (por Victor Küppers)
Mi amigo Manuel Roca, con la estupenda iniciativa de esta web, nos ha vuelto a demostrar la cantidad de cosas que están en nuestras manos para hacer un mundo mejor. Nos demuestra a todos la eficacia de los esfuerzos People Help People (PhP) como complemento a los esfuerzos que organismos y administraciones también hacen, o dejan de hacer, para ayudar a los más desfavorecidos. Y este esfuerzo, uno más que hace Manuel, se enmarca por completo dentro de los 2 m2 que todos controlamos.
La semana pasada, con mis alumnos, discutíamos acaloradamente el objetivo de la ONU de reducir en el año 2015 el hambre en el mundo, y el disgusto que provocaba que casi ningún país llegara a cumplir su compromiso del 0,7% o que el presupuesto militar de 2 países podría destinarse a terminar con el hambre en el mundo en menos de 3 meses. En plena discusión se me ocurrió hacerles la siguiente pregunta: “viendo que les preocupa tanto el hambre en el mundo, querría saber quién de Ustedes ha llevado una bolsa con comida al Banco de Alimentos de Barcelona?”. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que ninguna de las casi 80 personas levantó la mano. La conclusión es demoledora! Nos encanta solucionar el mundo, proponer ideas para que otros las lleven a cabo, quejarnos de quien hace que o deja de hacer que, pero al final, lo único que cuenta, es lo que cada uno de nosotros puede modestamente hacer para ayudar. Los discursos grandilocuentes son bonitos, pero poco efectivos. Nosotros controlamos solamente los 2 metros cuadrados que nos rodean, lo que decimos, lo que hacemos, eso sí depende de nosotros, ahí sí que podemos influir, y no en lo que hacen los demás. Por coherencia, deberíamos asegurarnos de que lo que hacemos en nuestros 2 m2, lo que sí depende de nosotros, lo hacemos en consonancia con lo que creemos que es correcto. Como decía Gandhi, “debemos convertirnos en el cambio que queremos ver en el mundo”, o como decía la Madre Teresa de Calcuta, “toda la calle estaría más limpia si cada uno se encargara de limpiar el espacio delante de su puerta”.
La única vida que tiene sentido es una vida con sentido, y la vida cobra todo su sentido cuando la enfocamos a ayudar a los demás. Estamos programados así, nos guste o no. Si no estas de acuerdo, te propongo el siguiente experimento: la próxima vez que te cruces con una vieja por la calle, tírala al suelo. Cuando esté tirada en la calle, analiza como te sientes! Es imposible que ningún ser humano se sienta bien en estas circunstancias. Somos así, en lo más profundo de nuestra naturaleza humana llevamos grabada la necesidad de ayudar a los demás. Cuando le hacemos un favor a alguien nos sentimos bien, irremediablemente bien; sin embargo, cuando le hacemos una faena a alguien, aunque no queramos dar esa imagen, todos sabemos que en el fondo nos sentimos mal.
Estamos en este mundo para ayudarnos, para hacernos la vida más agradable unos a otros. Algunas personas tienen la fortuna de tener trabajo, de estar sanos, de disfrutar de amistades que les quieren, de tener seres queridos cerca que les cuidan y les ayudan en las adversidades. Sin embargo, en este mundo tan injusto que hemos hecho entre todos hay muchas personas que no tienen amigos, ni familiares, ni seres queridos que les cuiden, las hay que no tienen trabajo y están viviendo auténticos dramas, otras tienen que dormir en la calle, otras no disfrutan de ningún tipo de comodidad ni de lujo, y lo más penoso es que la inmensa mayoría de ellas no merecen estar viviendo estas situaciones. Debe ser muy duro sufrir por no poder dar de comer a tus hijos, levantarse cada mañana sin saber donde comerás o dormirás, saber que no tienes trabajo y que difícilmente lo tendrás algún día, saber que estas abandonado, sentir que no hay ningún ser humano en este mundo al que le importes. Los que no estamos en esta situación no podemos pasar indiferentes ante tanto dolor, aunque cada día más nos estamos acostumbrando. No podemos acostumbrarnos. Todos tenemos el deber de ayudarnos en la medida de nuestras posibilidades, eso sí entra dentro de nuestros 2 m2. Si queremos un mundo mejor, que lo queremos, tenemos que empezar por provocarlo nosotros. Ayudar al que más lo necesita es lo más grande que un ser humano puede hacer por otro. Por justicia. Por amor.
victor küppers
