Boquita pequeña, gran sonrisa.

Dibujo-voluntario-invisible

La semana pasada asistí a una charla de Eduard Sala, titulada “El voluntariado invisible: cambiar la mirada para acompañar la vida”. Fue una sesión dinámica en la que todos tuvimos que participar e implicarnos para entender mejor los sentimientos y situaciones que viven las personas necesitadas. Entre los ejercicios formativos que hicimos, hubo uno que me gustó mucho: cómo debe ser y actuar un voluntario que atiende o visita a una persona necesitada. Ojos inmensos para verlo todo, hasta las cosas que no quieren que veamos; orejas enormes para escuchar hasta lo que no nos dicen; nariz larguísima para oler lo que de verdad nos quieren decir y una boca pequeñita, pequeñita, que apenas hable pero que siempre sonría. Qué bueno recordarlo cada vez que acompañemos a una persona que nos está abriendo una puertecita de su vida.