Ayer vino Joan a cenar a casa. Hacía tiempo que no nos veíamos, yo soy su madrina y él es padrino de una hija mía, así que quedamos para entregarnos la mona (aunque tarde, nunca es tarde!). Después de todos los achuchones de los niños por ver a su primo empezamos a hablar y hablar. Él está estudiando turismo, y aunque no le encanta se ha propuesto acabar la carrera (ay! qué difícil es escoger lo que quieres ser de mayor!). La conversación derivó hacia su visión del mundo, un mundo que ve muy desigual, con poco respeto por el mediambiente y con muchos intereses egoistas y personalizados. Desde luego, todas estas observaciones son verdad, pero queríamos ayudarle a que pudiera ver sus inquietudes desde un enfoque más positivo.
Él es un chico optimista, muy optimista, y me da pena que un chico joven, bueno, dinámico, espabilado y activo como él se deje tumbar por el sistema en el que vivimos. Así que con mi marido intentamos alentarle y animarle a actuar. Con lo que más le guste y motive, pero buscando aquello de "si quieres cambiar algo, actúa y hazlo". Por muy pequeñito que sea lo que hagas, será buenísimo, te hará aprender, te enriquecerá, y te impulsará a volver a actuar, a mejorar y a crecer. Hablamos de voluntariado aquí o allí, de clases a niños con dificultades, o de ayudar a construir viviendas en países en desarrollo, o de trabajar la inserción mediante el deporte. No faltan proyectos en los que trabajar, es cuestión de actuar.
Espero que Joan pueda aprovechar el verano para empezar algo de voluntariado y ver así que sus inquietudes, a una pequenísima escala, pueden tener un resultado enorme.